Antonio Machado creó al personaje de Juan de Mairena, una profesor de retórica y puso en boca de este profesor imaginario las siguientes palabras:
"Vosotros sabéis - sigue hablando Mairena a sus alumnos-mi poca afición a las corridas de toros. Yo os confieso que nunca me han divertido. En realidad, no pueden divertirme, y yo sospecho que no divierten a nadie, porque constituyen un espectáculo demasiado serio para diversión. No son un juego, un simulacro, más o menos alegre, más o menos estúpido, que responda a una actividad de lujo, como los juegos de los niños o los deportes de los adultos; tampoco un ejercicio utilitario, como el de abatir reses mayores en el matadero; menos un arte, puesto que nada hay en ellas de ficticio o de imaginado. Son esencialmente un sacrificio. Con el toro no se juega, puesto que se le mata, sin utiliada aparte, como si dijéramos de un modo religioso, en holocausto a un dios desconocido. Por esto las corridas de toros, que , a mi juicio, no divierten a nadie interesan y apasionan a muchos. La afición taurina es, en el fondo, pasión taurina; mejor diré fervor taurino, porque la pasión propiamente dicha es la del toro".